segunda-feira, 27 de fevereiro de 2012

dias, noches..

No sabíamos si era día o noche y tampoco nos importaba saberlo. Los días pasaban y a mi se me olvidaba que había todo un mundo afuera con gente y árboles y días que se volvían noches y nos obligaban a dormir encerrando en un guiñar de ojos todos los sentimientos. Como si tuviéramos que ocultarlos bajo una máscara y vivir la vida de siempre, de todos. Quisiera entonces que mi guiñar de ojos fuera eterno, como si la dificultad de abrirlos se resumiera a una simple mirada, a una sonrisa, a los ojos tuyos siguiéndome por doquier que fuera. El hecho es que no era necesario abrirlos nunca más cuando me deparaba contigo, cuando el sentir se hacia más grande que el ver y entonces en mi cerrar de ojos me daba cuenta de que estuviera ciega todo una vida.

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