Soy de una familia de la cual me lo dieron todo: viajes, perfumes, juguetes. Podria yo elegirlo y no tenia preocupaciones. Pero nunca me dieron la realidad. La conocí yo sola, caminando por las calles. La conocí por entre
tazas de café y bocas en tardes frías y grises, entre papelitos nada
dulces y angelitos nada puros que solo la noche revela. Hablen, digan,
no me ahorren de nada decía yo, quería tragarlo todo, absolver la más
ínfima respiración de bocas ajenas, tan interesantes, parecen más
felices, más vividos. No se preocupen en salvarme que todo lo mío ya
esta para la basura. Díganme, díganme, péguenme, despiértenme con
cachetadas, pero duro, que se sienta, que deje de perderme con babosadas
diurnas y fugaces saludos con sabor amargo a café.
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