Las horas en la habitacíon son más largas que en el resto de la casa. Los minutos parecen siglos para mi pobre alma que anhela tu presencia. La noche se siente fría y yo aún más sola. Doy ligeros pasos circunscritos en un ansia suplicante por el calor de tus manos mientras me queman las entrañas y la náusea me revuelve el estómago. Después me encuentro revolcando por entre sabánas extrañas y colores opacos, sintiendo cualquier cosa antes desconocida e incluso ignorada. Difícil es dormir cuando tus uñas y dientes ausentes me clavan hasta la espina dorsal. Vacío, vacío, pero ni agua ni pan cuando mi sed lo que pide es tu saliva y el hambre ruega por tu carne viva. Mientras que yo, acostada en mi cama, tratando de llamar el sueño que se fue con la despedida. Difícil dormir si mis ojos no cierran porque quieren verte, si el corazón no se calma sin antes tenerte, dame un soplo de voz que calla mi mente. Es que aún en la oscuridad mis piernas ya se reconocen y hasta el momento mis manos no hacen sino llorar la ausencia de tus dedos.
Y no duermo, no duermo porque no sueño, porque la realidad cae en mí como piedra y me asfixia. Una, dos, tres pastillas para ahogarme en el sueño, pero no sueño. Ni tanto opio me quita la sobriedad porque no estás tú.
Y no duermo, no duermo porque no sueño, porque la realidad cae en mí como piedra y me asfixia. Una, dos, tres pastillas para ahogarme en el sueño, pero no sueño. Ni tanto opio me quita la sobriedad porque no estás tú.
Nenhum comentário:
Postar um comentário