domingo, 4 de março de 2012

Para Manuel

Cuando pienso en ti, no me acuerdo de lo que me dijiste o pensaste. Me acuerdo más bien de tu cara cuando me tocabas como a una escultura hasta cada extremidad de mi cuerpo por donde pasaban tus labios y dedos. Recuerdo de nuestros momentos de éxtasis en que se me doblaban hasta los tendones y sentía que mi sangre se desviaba de las venas. Que ni siquiera me acuerdo de tus gustos sino de tu olor que me impregnaba las narices sofocándome a cada nueva respiración.  Pienso es en tu piel rozando la mía, como cuando estabas casi gozando y yo solo quisiera que te quedaras adentro para siempre. Pienso en tu sudor escurriendo por mis senos pero no me acuerdo de tu dolor, y de repente se me olvida que también me duele y que soy humana y casi como todas las demás. Cuando pienso en ti pienso en tu sonrisa, no me acuerdo que chaqueta llevabas puesta ni de cómo hablabas o bailabas. Pienso es en tus labios cuidadosamente pintados en acrílica y solo quisiera mirarlos y decirles que basta, que se queden quietos que mis ojos no soportan tanta belleza. No me acuerdo si tus ojos eran grises o marrones o azules, los pienso como cristales en un abismo que con mi miedo sentía el vértigo sobre mis ojos y tenía la certeza que era la muerte esperándome.  Como cuando los cerrabas y tus pálpebras se veían más anchas que de costumbre y me sentía de pronto más insignificante que lo normal y al mismo tiempo más grande y más fuerte. Pienso es en las doblas de tus manos que palparon cada milímetro de mi cuerpo y por donde sentí que recorrerían hasta la infinitud de la materia humana. No me acuerdo de adonde fuimos ni que hicimos ni que comimos. Recuerdo es de las manchas rojas de sangre sobre nuestro sexo y tú solo diciéndome que pilas que no ensuciara las sábanas nuevas. No me acuerdo que día fue eso, ni que tantas horas de la noche serian ni el mes ni el año en que estábamos. Solo me acuerdo que ese día tenias el pelo más corto que de costumbre y más limpio que de costumbre. Me acuerdo de la forma teatral que formaban tus labios terminando siempre con tu sonrisa pícara entremordida con tus dientes. Que parecía que de un impulso me quisieras comer y luego nomás mirarme y tú que siempre ibas de agresivo a suave con la rapidez de esos efímeros momentos. Que de repente hasta se me olvido tu nombre y ya no sé ni dónde vives o trabajas. No sé porque pero pienso en la alarma, en la maldita alarma que nos hacia despertar de un golpe súbito y notar que de veras no era un sueño y de pronto todo aquello sucedió. Pienso en ti riendo alto y a mí que se me hacía que en ese fugaz momento no existía dolor. No logro acordarme de que color eran las sábanas o el techo o de que estaba hecho el piso. Es que de lo que me acuerdo parecía que flotábamos y cada roce de tu dedo era una elevación hacia el cielo.  No me acuerdo de tus clases ni el proyecto ni nada de eso, no sé en qué teatro estábamos cuando a mí de repente se me olvidó actuar y sin embargo la película rodó como si nada. Solo sé que no me acuerdo de ti en esos momentos y que felizmente se me olvido porque simplemente no eras tú. Que repentinamente éramos actores con caras y bocas y disfraces que se volvían nosotros y entonces sentía que todo corría fluido y límpido como en un río por donde todas las aguas pasaron. Y es que quisiera acordarme de ti en los momentos más triviales, pero no puedo; siento la intensidad de nuestros cuerpos que se cruzaron y se fundieron y entonces mi cerebro se transborda sino con esas memorias y como de distraje se me escapa lo resto. Y es que quisiera enserio, pero la materia bruta fue más profunda hasta enclavarme en las entrañas y no puedo sino sentir el peso de tu cuerpo que me asfixió y mató a mi más liviano ser.

Nenhum comentário:

Postar um comentário